Cosas
1. Rutinas. Estoy habituándome a los cambios recientes, siento que desde hace meses no he podido establecer una rutina que me permita equilibrio entre lo que debo y lo que quiero. Todo va muy rápido y atropellado. Siento como si la vida fuera un río caudaloso que no se detiene nunca. Siento que hace mucho tiempo que no puedo ponerme en pie. Muchas veces se siente irreal, siento que soy solo espectadora del caudal y no puedo hacer nada para evitar que me arrastre hacia donde sea. Recuerdo decir muy a menudo que a mi eso de las rutinas no me gustaba, que no era para mí. Creo que es una mentira, me gusta tener una estructura más o menos similar de los días, me ayuda con las cosas que son a mediano o largo plazo. Hace meses que con tanta cosa viajes, mudanzas, inicio de ciclos no tengo clara una rutina por más de una semana. Ojalá la encuentre pronto.
2. De las "vacaciones". No se si llamar vacaciones a los viajes a México que he hecho los últimos años. Sí que tengo momentos de ocio y distracción pero también muchos momentos de tener que lidiar con cosas que no son tan agradables, que no se pueden dejar de lado y que no dejan descansar la cabeza ni el cuerpo. Burocracia relacionada con la muerte de mi mamá, asuntos desagradables de familia; cosas de adulta que me impiden relajarme y concentrarme en "nada" que es lo que necesito para descansar y sentirme "de vacaciones". Siento que no tengo descanso de verdad desde hace años.
3. De las relaciones familiares. Dicen que la familia no se elige pero yo creo que sí. Entiendo que nadie elige en dónde nacer ni tener los lazos sanguíneos que vienen "de fábrica", pero en esta época y en el lugar en que estoy se puede elegir mantener o no los vínculos familiares. Soy privilegiada porque puedo elegir con quién relacionarme, puedo elegir cortar los vínculos que no me aportan nada bueno y que no son recíprocos. Puedo elegir con quien relacionarme y con quien no sin imposiciones que ahora son anticuadas como: "es de la familia, tienes que que quererlo/a y aguantar todo lo que haga". Es difícil romper vínculos familiares, es duro, duele. Hay que ser valiente y decirle a la persona con la que no se quiere más relación el por qué, al menos así lo he hecho yo, creo que es para mi una manera de darle una última oportunidad al amor que quisiera seguir ahí, al aprecio a los recuerdos y a la vida que tuve junto a esas personas. Mi mamá funcionaba en su familia como amalgama y cohesión de algunos hermanos, de la mayoría de los hermanos. Desde que ella ya no está, y con las pocas herramientas emocionales que tienen las personas de esas generaciones, la familia se ha ido separando más y más, distanciándose y tratándose como extraños que comparten solo la misma progenitora y sus cuidados, aunque a veces ni eso. Hay veces que me siento tan sola. Extraño las reuniones que había en casa de mi abue, extraño las risas, las ocurrencias, los bailes. Poco a poco fue dejando de sonar salsa, de haber comidas. De repente pasaron cosas que para mí son imperdonables.
4. Reencuentros. Crecí en el edificio de mi abuelo paterno, ahí vivían también los hermanos de mi papá y las madres de mis primos: mis tíos y tías. De pequeña tío y tía significaban "familia" sin depender de lazos sanguíneos. Mi tía Male siempre fue con la que mejor me llevé, pasaba mucho tiempo con ella y sus hijos, la quiero mucho y nos dejamos de ver cuando todos nos mudamos del edificio familiar. Desde la muerte de el papá de sus hijos, mi tío de sangre, no supe más de ella. La muerte de mi mamá nos hizo reencontrarnos, rescatar ese amor olvidado y sentirlo de nuevo como si no hubiéramos pasado tantos años sin vernos. Aunque no sea de mi sangre, la quiero muchísimo y la siento más mía que por ejemplo, la hermana de mi mamá. Agradezco poder haberla "recuperado". Con nuestro reencuentro volví a ver a mis primos, sus hijos. Con ambos había tenido algún contacto pero poca cosa, nada presencial. Cuando muere mi mamá, siento la necesidad de reconectar con vínculos familiares y retomar contacto con quienes apreciaba más y me llevaba mejor. Con mi primo eran llamadas al vacío, no contestó mis mensajes ni tuvo interés en contactarme, dolió, pero como digo... Oliveros al fin... En la última visita lo vi, su mamá nos invitó a una función de circo, algo que nos gusta a los dos. Al principio fue rarísimo verlo, ninguno de los dos nos sostuvimos la mirada ni nos dedicamos más allá un "hola" vacío y vago. Al final de la función, en la despedida nos abrazamos. Uno de esos abrazos sinceros que se sienten bien y que recuerdan el amor y vida compartidos. Guardo con mucho amor los recuerdos de la infancia maravillosa que compartimos.
5. Siempre está Ella presente. Cada día de mi vida algo me hace pensar en ella. Hay veces en las que pongo unos audios que rescaté de la conversación de Whastapp que teníamos. Ya me los se memoria. Algunas veces su recuerdo duele muchísimo, a veces no tanto y siento miedo. Me da miedo que me deje de doler, que la deje de sentir, que la deje de querer. Es irracional, porque eso nunca va a pasar, pero me asusta muchísimo pensar que algún día la voy a olvidar. Ahora tengo un antes y un después, mi vida cambió de una forma que por haberme ido a vivir lejos de ella, no repercute tanto en el día a día pero cala de una manera más profunda. Es difícil de describir.
Y así cierro estas ganas que tenía de escribir desde hace mucho.
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